Casi 200 personas se reunieron en San Bartolomé para disfrutar del concierto
de Toño Casado, al que despidieron con una gran ovación.
por Mariángeles DiFalco
La parroquia de San Bartolomé acogió el viernes, 6 de noviembre, un concierto
muy especial del sacerdote y compositor Toño Casado, acompañado por los
músicos Adrián Rivas y Ángel Vicente, en el marco de los actos programados
para el cierre del Año Jubilar de la Casa del Inmaculado Corazón de María.
Fue mucho más que un concierto. Fue una tarde de encuentro, emoción y oración
compartida, en la que cada canción nos invitó a abrir el corazón, reflexionar
sobre nuestra vida y sentirnos un poquito más cerca de Jesús.
Y qué mejor manera de comenzar que con una canción que ya era toda una
declaración de intenciones: “¿Para qué estamos aquí?”. A partir de ese
momento, Toño nos fue llevando por un recorrido de sentimientos y experiencias
que, de una manera u otra, forman parte de nuestra propia historia.
Con “La Balsa” reflexionamos sobre el amor y el compromiso en el matrimonio;
con “La Playa”, sentimos la ternura de ese Dios que nunca nos abandona y nos
sostiene en sus brazos. Hubo momentos para participar con alegría, abriendo
nuestras manos y acompañando las canciones con gestos, pero también para mirar
hacia nuestro interior, reconocer nuestras luchas y recordar, con “Solo el
amor salva”, que el amor es capaz de transformar vidas.
La alegría también se hizo presente con “Ven a la fiesta”, una invitación a
celebrar la Eucaristía con la sencillez y el entusiasmo de los niños. Entre
cantos, sonrisas y gestos que acompañábamos con nuestras manos, nos dejamos
contagiar por esa alegría tan propia de los pequeños, recordando que Jesús nos
invita a hacernos como ellos y a descubrir, con un corazón sencillo y
confiado, la alegría de saber que Dios está siempre presente en nuestras
vidas.
Y de esa alegría compartida pasamos a uno de los momentos más emotivos de la
tarde: el encuentro de Jesús con su Madre, una de las escenas del musical
Viacrucis, creado por el propio Toño Casado. A través de esta canción, nos
invitó a contemplar el amor de María por su Hijo y, al mismo tiempo, a
recordar y rezar por nuestras propias madres. Un momento especialmente íntimo,
en el que la música nos acercó a nuestros recuerdos, a nuestros afectos y a
ese amor que nos acompaña a lo largo de toda la vida. Con “Jesús, ven tú”,
interpretado por Toño y Bea, la invitación fue a abrirle las puertas de
nuestra vida y de nuestro hogar.
Especialmente conmovedora fue también la interpretación de «Honrar la vida»,
de Eladia Blázquez, en la voz de Bea Mosquera. Una canción que nos recordó que
vivir es mucho más que simplemente existir: es hacerlo con dignidad,
autenticidad y compromiso, sin ser indiferentes al sufrimiento de los demás y
procurando que nuestro paso por este mundo deje una huella de amor.
Y como broche final, “Alza la mirada”, el himno creado para recibir al papa
León XIV, nos invitó a mirar hacia adelante con esperanza, poniendo el corazón
en aquello que verdaderamente importa.
A lo largo del concierto hubo sonrisas, emoción, momentos de reflexión, manos
que acompañaban las canciones y voces que se unían a la música. Pero, sobre
todo, se creó un ambiente muy especial, de esos en los que las melodías
parecen llegar allí donde las palabras no alcanzan.
Y seguramente muchos de quienes compartimos esta tarde pudimos reafirmar el
sentido de aquella conocida expresión atribuida a san Agustín:
“Quien canta, ora dos veces”
Gracias a Toño Casado, Adrián Rivas, Ángel Vicente y a Bea por regalarnos una
tarde tan especial, por ayudarnos a descubrir que la música también puede ser
oración y que Jesús se hace presente cuando abrimos el corazón. Nos fuimos con
alguna melodía resonando todavía en nuestro interior y con la hermosa certeza
de que la fe también se canta, se comparte y se vive.